Por qué los demonios no pueden ser ateos: visión tomista

R289 1 D AQU Marx Engels Sartre

Según Santo Tomás de Aquino, la insensatez del ateísmo se ve en que incluso los demonios reconocen, aunque a disgusto, la existencia de Dios a partir de signos evidentes. Negarlo no es lucidez, sino rechazo culpable de la razón, capaz de demostrar al Creador desde el mundo creado.

¿Qué es el Libro de la Vida?

Book of Life Medieval Illumination

«El vencedor será vestido de blancas vestiduras, no borraré su nombre del Libro de la Vida y confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles» (Ap 3, 5). Cuando leemos este pasaje del Apocalipsis, casi inevitablemente pensamos: «Sea lo que sea ese libro, espero que mi nombre esté allí…». Una imagen […]

La omnipotencia Divina: ¿Justicia o misericordia?

R280 1 D AQU Jesus perdoa a pecadora

Poder…, palabra que ha embriagado a tantos a lo largo de la historia, significando a menudo fuerza opresora o presuntamente justiciera, opuesta a la benevolencia o a la misericordia, fruto de la exacerbación de las pasiones desordenadas por el pecado original. ¡Cuán diferente es el dominio ejercido por el Altísimo! «Mis planes no son vuestros […]

Llamados a juzgar con Cristo

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Juzgar con Cristo es participar de su juicio santo, no criticar temerariamente. Santo Tomás muestra cómo los santos serán libros vivos de la justicia divina.

Cuando me distraigo, ¿mi oración pierde su valor?

cloistered nun distracted in prayer while making her meditation.

Cuando nos distraemos en la oración, ¿pierde valor ante Dios? La respuesta es clara: no. La Iglesia enseña que el mérito de la oración depende principalmente de la intención del corazón y del amor con que se dirige a Dios, no de la ausencia total de distracciones. Incluso en medio de pensamientos dispersos, perseverar en la oración fortalece la vida espiritual y atrae gracias abundantes. Aprende cómo enfrentar las distracciones y mantener la unión con Dios en cada momento.

No podemos ocultarlo más: ¡Él es Dios!

holy spirit stain glass in st. peter's basilica, rome

Casi cuatro siglos habían pasado y los cristianos no osaban llamarlo Dios. Hasta que, entre luchas y persecuciones, los Padres Capadocios dieron testimonio de la divinidad del Paráclito.