No podemos ocultarlo más: ¡Él es Dios!

Casi cuatro siglos habían pasado y los cristianos no osaban llamarlo Dios. Hasta que, entre luchas y persecuciones, los Padres Capadocios dieron testimonio de la divinidad del Paráclito.
Correspondencia generosa al Espíritu Santo

Con razón, afirma San Bernardo: «Al venir a Ella el Espíritu Santo, la colmó de gracia para sí misma; al inundarla de nuevo el mismo Espíritu, Ella se hizo superabundante y rebosante de gracia también para nosotros».