Rey y centro de los corazones

Cuando nos dirijamos al Sagrado Corazón de Jesús, tengamos presente que Él es el soberano de todos los corazones y quiere atraer hacia sí a los hombres para establecer su Reino en la tierra.
«¡Salvadme, Reina!»

Una injusta nota en el colegio llevó al pequeño Plinio a tachar su boletín de calificaciones, causándole un gran disgusto a su madre, Dña. Lucilia. Los días previos a que se demostrara la inocencia del niño fueron de mucha angustia, pero también una ocasión para recibir una de las mayores gracias de su vida. ¿No pasa usted también, lector, por situaciones difíciles? El relato del Dr. Plinio puede ayudarle…
Intercesora para construir la estructura de la vida

Doña Lucilia poseía la alegría expansiva de dar. Su gozo consistía en ver satisfecho a su beneficiario, aunque no tuviera ninguna relación con ella. Este rasgo distintivo la hacía poco comprendida, pero la convirtió, en la eternidad, en una intercesora a título muy especial.
La sublime conquista del vértice del dolor

En su Pasión, Nuestro Señor Jesucristo atravesó todas las formas y grados de dolor, y entró en ellas sin dudarlo, con paso digno, sereno y firme, caminando hacia la cruz como un rey se dirigiría al trono de su coronación.
Argucia maternal y amorosa

La Santa Iglesia Católica siempre ha gozado de una invencible argucia para desenmascarar herejías disfrazadas y sutiles, acciones en las que demostró la más suave refulgencia de su santidad. En nuestros días, ¿cómo resplandece su sagacidad?
La santa intransigencia, un aspecto de la Inmaculada Concepción

El advenimiento de Nuestra Señora en medio de la depravación que asolaba el mundo antiguo fue el marco de una nueva era para la humanidad. Su Inmaculada Concepción nos llama a la santa entereza en el amor al bien y en el odio al mal.