… qué significa la palabra «amén»?

La palabra amén, derivada de la raíz hebrea אמן (’mn), está relacionada con la idea de firmeza, verdad, seguridad y confianza.

En el libro del Deuteronomio, por ejemplo, Moisés exhorta al pueblo a responder «amén» (27, 15-26) a las maldiciones pronunciadas contra quienes violen la ley de Dios, manifestando así su acatamiento a la justicia divina. Por su parte, el profeta Jeremías responde «Amén, Señor» (Jer 11, 5) al aceptar una orden del Altísimo. El término aparece en numerosas ocasiones en los escritos de la Antigua Alianza.

Los evangelistas conservan la palabra en su forma griega —ἀμήν (amén)—, traducida generalmente como en verdad. Con toda la fuerza de su autoridad, Jesús la emplea al comienzo de sus solemnes declaraciones. En el Evangelio de San Juan llega incluso a repetir el término para dar énfasis a la revelación: «En verdad, en verdad [amén amén] os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy» (Jn 8, 58). Nuestro Señor utiliza esa expresión para dar testimonio de que algo merece confianza y pleno crédito. Así, el Apocalipsis lo llama «el Amén», pues Él es «el testigo fiel y veraz» (Ap 3, 14).

En la liturgia, el término adquiere un nuevo esplendor. A lo largo de la santa misa, los fieles lo pronuncian varias veces como profesión de fe. Al recibir la sagrada eucaristía, por ejemplo, el «amén» expresa la creencia en la presencia real después de que el ministro proclama: «El Cuerpo de Cristo». Por último, esta palabra cierra y confirma nuestras oraciones, manifestando confianza en Dios y adhesión a sus designios.

¡Ojalá nuestra vida sea también un constante «amén», que dé testimonio de nuestra total adhesión a la Santa Iglesia! ◊

… que algunos hábitos religiosos fueron elegidos por la Santísima Virgen?

Viernes Santo de 1239. Siete hombres se encontraban reunidos cuando, en un éxtasis místico, tuvieron una visión de Nuestra Señora. Aunque resplandecía con una incomparable hermosura, la Virgen manifestaba una profunda tristeza. Con lágrimas en los ojos, vestía un hábito religioso del color del luto. Numerosos ángeles la rodeaban: algunos portaban emblemas de la Pasión; otro sostenía un pergamino con las palabras Siervos de María.

Extasiados, los predilectos escucharon lo que Nuestra Señora tenía que decirles: «Mirad el hábito que debéis llevar de ahora en adelante. Su color negro indica los dolores que experimenté, especialmente en este día, por la muerte de mi único Hijo divino». La Madre del Redentor desapareció, dejando establecidos el hábito y la misión de la Orden de los Servitas.

Nuestra Señora entrega el hábito de la Orden de los Servitas a los siete fundadores – Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, Córdoba (España)

Ésta es sólo una de las muchas historias similares de la Edad Media. En efecto, de manera muy parecida a la del episodio narrado anteriormente, nacieron los hábitos de los premonstratenses y de los mercedarios, así como la cogulla blanca de los cistercienses y el escapulario de los carmelitas y de los dominicos.

De este modo, la Santísima Virgen, además de establecer un vínculo con esas órdenes religiosas, también señaló cuán indispensable es, para quien entra al servicio de Dios, el uso de una vestimenta adecuada.

Si bien es cierto que «el hábito no hace al monje», también resulta evidente que el hábito, cuando lo lleva un religioso fiel a su vocación, alienta a los vacilantes, invita a la conversión a quienes se abren a la gracia y es «signo de contradicción» (Lc 2, 34) para los incrédulos. ◊